padres conversando con su hijo

Hace poco unos alumnos presentaron unos resultados interesantes de sus estudios sobre las relaciones entre padres y sus hijos adolescentes. Trataban  de descubrir por qué muchos niños no siguen las convicciones religiosas de sus padres. Durante sus estudios, llegaron a saber que hay básicamente cuatro clases de padres. Sus conclusiones son interesantes y reveladoras.

El balance entre el amor y la disciplina se probó ser lo más importante. La diferencia básica entre el padre dominante (obediencia forzada) y el padre con autoridad (obediencia motiviada) es una que involucra sus ideas en cuanto a la disciplina. Llegaron a saber la respuesta de su búsqueda. Al entrevistar a cientos de jóvenes con distintos antecedentes, los mismos patrones aparecieron.

Padres: NEGLIGENTES: Tenían: poco amor, poca disciplina. Evita a los niños.

Padres: CONSENTIDOS: Tenían: mucho amor, poca disciplina. Los hijos los mandan.

Padres: DOMINANTES: Tenían: poco amor, mucha disciplina. Empuja a los hijos.

Padres: CON AUTORIDAD: Tenían: mucho amor, mucha disciplina. Guía a los hijos.

Conclusiones:

  1. La disciplina es necesaria, pero sin la balanza del amor, ¡es peligrosa!
  2. El amor (sin la disciplina) produce la inseguridad y una mala auto-imagen de
  3. ¡Tanto el amor como la disciplina son necesarios en una equilibrada relación para producir los mejores resultados!

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